Como os había comentado anteriormente, he recibido gracias al envío efectuado por Aislin Harney, un libro sobre tecnología infrarroja en sistemas de seguridad.
Este libro me lo ha hecho llegar a través de un oficial norteamericano que tiempo antes había encontrado en la embajada francesa durante un reunión.
En esa oportunidad, le comuniqué mi interés sobre todo lo que tuviera que ver con tecnología y seguridad y me prometió hacerme llegar un documento sobre escuchas a distancia.
Cumpliendo su promesa, en su paso por Madrid el día 2 de julio, me entregó un informe fotocopiado sobre cómo es posible escuchar a distancia conversaciones en habitaciones con ventanas a la calle; especialmente si estas ventanas están cerradas.
No es pertinente dar detalles de esta técnica, sólo diré que se basa en la captación de las ondas sonoras transmitidas por superficies vibrantes como los cristales de una ventana.
No es sino con desilusión que observo la adulteración de nuestra cultura en manos de nuestros propios jóvenes.
TODOS los programas televisivos y radiales españoles hechos por y para jóvenes, bien podrían pertenecer a culturas foráneas como la inglesa o la norteamericana.
¿Acaso alguien escucha en esos medios "algo" que tenga que ver con España?
Y no me refiero sólo a la música en otros idiomas (digo "otros" por no ser cerrada, porque bien podría decir "en inglés"), puesto que hasta la música cantada en español por nuestros jóvenes NO ES MUSICA ESPAÑOLA.
¿Qué sucede con artistas nuestros de la talla de Conchita Piquer, Lola Flores, Rocío Durcal, Rocío Jurado, Camilo Sesto, Julio Iglesias y tantos otros?
Estos Artistas, así, con "A" mayúscula, han hecho de España lo que es: un país rico y respetado en el mundo, un país que los irrespetuosos jóvenes españoles disfrutan hoy ignorando lo que fue ayer, un país que no proteje su cultura auténtica.
Quiero agradecer a Aislin Harney, funcionaria de la Embajada irlandesa en Londres su amabilidad al enviarme el libro sobre tecnología infrarroja para seguridad sobre el que he comentado anteriormente.
Hace unos días asistí a una reunión en la embajada francesa aquí en Madrid.
Ha sido una reunión muy edificante en varios aspectos: el que me interesa compartir trata de la visión que de la seguridad se tiene en países desarrollados.
En un alto de la reunión (que comenzó a la intempestiva hora de las 6:30), tuve el gusto de conocer a un oficial estadounidense de apellido Bourne con quien pude intercambiar opiniones.
Al tocar el tema del terrorismo y la prevención de los actos cometidos por el mismo, este oficial me ponía de ejemplo -más que a su propio país- al Reino Unido.
Me confirmó que sus fuentes le habían asegurado que decenas de actos terroristas son desbaratados sobre todo en Inglaterra a la semana.
¿La razón? Un eficiente servicio de inteligencia que no funciona como un colador de delincuentes, sino como una verdadera red de seguridad.
Acabo de recibir un interesante libro sobre cámaras infrarrojas y su utilización en el mundo de la seguridad.
Como ya se ha dicho innumerables veces, los instrumentos no poseen moral: el mismo martillo utilizado para construír la cuna de un niño puede lo mismo ser usado para romper el cristal de un escaparate y con el objetivo de cometer un ilícito.
La tecnología de punta en general y las cámaras especiales en particular no son la excepción a esta regla: no pocas veces se ven películas pornográficas ilegales (bueno, como si las hubiera "dentro de la ley") realizadas gracias a las posibilidades de espía que permiten estas cámaras.
Básicamente hay dos tipos de cámaras infrarrojas: las que captan COLOR y las que captan CALOR.
Las primeras se especializan en la captación de aquellos colores que se hallan por debajo del color rojo del espectro visible por el humano; por eso se les llama, obviamente, INFRArrojos.
Las segundas no captan colores sino fuentes de calor, y luego las traducen a un código visible; de tal temperatura a tal otra, gris al 20%, de tal temperatura a otra superior, gris al 30% y así hasta obtener una imgen de calidad entre media y baja.
Las cámaras infrarrojas de color permiten la captación e identificación de rostros, las segundas sirven más bien para la detección de intrusos.
Ha sido un éxito hace ya más de 10 años la operación de recuperación de una embajada en Méjico durante el gobierno del Doctor Fuyimori; los delincuentes fueron fácilmente reducidos por las fuerzas de seguridad ayudadas con cámaras que captaban fuentes de calor.
Son interesantes también las vías de desarrollo que se abren con cámaras infrarrojas inalámbricas portátiles, ocultas muchas veces en botones y en teléfonos móviles.
Mucho se ha dicho y mucho queda aún por decir sobre este tema, el de la seguridad en la red de redes.
Los algoritmos de encriptación son cada día más sofisticados y
complejos, pero no crea el ciudadano común que los delincuentes
informáticos no avanzan en igual medida o tal vez más.
Es totalmente falso lo que se afirma por ahí sobre la complejidad y
altos costes de violar un sistema de seguridad informático; tal vez lo
fuera en el pasado, hoy ya no.
Este tipo de noticias no son más que parte de una campaña delictiva
tendiente a que el ciudadano se relaje, se confíe para poder así actuar
con mayor libertad y efectividad desde las sombras.
Hoy un joven infromático con mediana experiencia puede penetrar
subrepticiamente en un entorno no debidamente controlado y hacerse con
los números de tarjeta de crédito de una base de datos.
Sucede todos los días, de manera que la única solución es entregar los
sistemas a manos expertas y seguras, dispuestas y preparadas a detectar
a los intrusos y, cuando esto sea posible, iniciar las acciones legales
pertinentes.
Amparo Trujillo Perez
